Sí, ocurrieron cosas hermosas esa tarde, y la más importante de todas no fue la presentación de un libro, siendo la presentación de un libro un tema muy importante. Un éxito de semejante calibre nos pilló desprevenidos, por lo menos a mí. Lo definitivo fue que más de setenta personas hicieron un hueco en sus agendas, algunas muy saturadas, para demostrarme su afecto y venir a celebrar con nosotros la publicación de mi primera novela: Beatricia.
Otras muchas no pudieron asistir, como mi querida amiga Pilar García Muñiz, a quien mando un abrazo sabiendo lo mucho que lo sintió. Alcalá de Henares será nuestra segunda oportunidad para celebrarlo juntas. Tampoco mi maestro Salvador Robles Miras, enfrascado en las presentaciones de Contra el cielo, su magnífica novela reeditada, pudo venir. Me dijo que de poder lo habría hecho sin dudar. Sí estuvieron otros maestros, de letras y de vida, como Manuel Casal, recién publicados sus Aforismos; o la sorpresa de José César Álvarez, filósofo y escritor alcalaíno premiado tantas veces -la última con su novela Voz de bajo-, y prestigioso cervantista al que consulta hasta la BBC cuando de Cervantes se trata.

Unos pocos familiares, pero significativos, muchos amigos, compañeros, otros simplemente lectores atraídos quizá por la sugerente portada de Beatricia, o por los extractos que fueron leyendo durante todo un mes en las redes. Citar a todos es imposible. Sí haré mención de la ilustradora Marta Virseda, para agradecer la carta que me entregó, y que guardaré siempre, y a Clara Maltrás, que me entregó dos discos suyos, dos joyas envueltas con su voz, capaz de hacer que una tarde frente a la chimenea se convierta en inolvidable. O a Paco Recuero, músico y artista plástico, que me felicitó y me dijo que sólo le había faltado escucharme recitar un poema. (Colaboré con él en un concierto recitando algo sobre una pieza musical de su autoría). Y el visionario Emilio Benítez, que me lanzó a esta aventura.
No sé si será lo habitual en las presentaciones de autores noveles -decir esto a mi edad-, pero me sorprendió que se formara una cola para firmar ejemplares antes de la presentación. Menos mal que estaba Yeyo sentado en su piano, haciendo la espera más amable.
Empezamos a las 19:30, creo, y luego siguió una hora mágica. En palabras de Manuel Casal, el ambiente que se generó en la sala era tan especial, que parecía que estábamos en Beatricia.
Miguel Ángel de Rus, editor y escritor que a la sazón publica sus Novelas Reunidas, comenzó el acto con la locuacidad y humor ácido que le caracterizan. Para mí fue un orgullo tener a mi derecha a este irreverente exquisito, autor grande al que admiro de verdad. Destacó el hilo conductor de Beatricia, que no era otro que el de las emociones, y orientó a los posibles lectores en cuanto al estilo de narrativa que iban a encontrar y sus referencias artísticas.
Si alguien no podía faltar era Arancha Merino, musa de este trabajo que nació como una traslación a la literatura fantástica de su primer libro divulgativo: Haz que cada mañana salga el sol. Su asesoría fue imprescindible para que mi subjetividad desatada no desvirtuase la esencia propia de cada emoción, después de haber pasado ésta por mi caleidoscopio. Con el pragmatismo que la define, resumió de manera concisa en qué consiste el modelo de ánalisis que ella divulga, enseña y practica, el MAT: Metamodelo de análisis transformacional. Fue muy emocionante para las dos llegar a este momento después de tres años de espera.
Tras su intervención me llegó el turno. Me puse en pie y conté algunas cosas de la novela y tres o cuatro sobre mí en relación a ella. Al finalizar, invité a los asistentes a viajar conmigo a través de mi memoria, a retroceder en el tiempo hasta aquella mañana en que retomé el original de Beatricia, después de un año de parón, y sucedió aquello que está escrito en el prefacio de la obra. -En efecto sucedió, en algún punto multiversal donde conectaron la realidad y mis personajes.
Y estalló la magia, esparcida por Cristina Benavent Atienza (mi alter ego) y Yeyo Bayeyo (el personaje más carismático de la novela) escenificando ese prefacio que incluí aquel mismo día, cuando me enteré de la tristísima noticia: David Bowie nos había dejado. Lo de dejado es un decir, porque es evidente que Bowie seguirá en el mundo mientras el mundo dure. ¡Qué lujo de actuación! Todavía no me creo haberlos tenido allí, impregnando con su arte la sala y los corazones que la llenaban. Fue como estar dentro de una burbuja fascinante y alegre. Para mi como un sueño. Y escuchar a Yeyo cantar Life on Mars… bueno, todavía se me pone el vello de punta. Todos nos emocionamos, seducidos por su encanto.
Y en el fondo de la sala, atento, sin destacar, sin hacer ruido, eficiente, feliz… estaba Paco. Mi Paco. Que no es mío porque lo posea, ni aspire a poseerlo, ya que lo quiero suyo y libre. Es mi Paco porque lo llevo tan dentro como mi respiración, y como mi respiración tiene que salir, porque Ex abundantia cordis os loquitur: de lo que abunda el corazón habla la boca.
De pura emoción no he podido redactar esta crónica hasta hoy. Espero que me disculpéis. Sólo me resta decir:
Gracias y gracias. Y GRACIAS.
Mariaje López