Un día, hace unos años, recibí en mi teléfono un mensaje acuciante de alguien muy cercano que decía:

“Lo tengo todo preparado para suicidarme. ¡Por favor, SÁLVAME!

Con el corazón desgarrado y anegada en lágrimas respondí:

“Si tu salvación dependiera de mí, hace mucho tiempo que estarías salvado. Desgraciadamente tu salvación no está en mis manos, sino en las tuyas. De lo que decidas hacer, tú eres el único responsable”.

No se quitó la vida. Tampoco puede decirse que se salvara; eso es algo más que no matarse. 

A veces la realidad es salvaje; a veces salvadora. Como una cuerda, sirve para afianzarse y escalar, o de lazo para la horca. Depende de cómo decida usarse.

Mariaje López.
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