Te duermes en mis brazos, y mirándote, comprendo como nunca, que cada ser humano es un perfecto misterio.

Te abrazo en silencio, y con cuidado arropo tu fragilidad, capaz de mover montañas. Por ti giran los planetas y brillan las estrellas de mis noches.

Te abrazo, y escucho esas palabras tiernas que aún no sabes pronunciar, que se te escapan, como susurros, en el repetido abrir y cerrar de tus manitas, en el dulce temblor de tus labios, en la avidez borrosa con que tus ojos me buscan.

Te duermes en mis brazos, y comprendo como nunca, que cada ser humano es el amor… reinventándose.
 

 

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