Envuelta en mi gastado manto me lancé al camino.
Dejé atrás el ruido y los atardeceres huecos.
A través del bosque la intuición me guía,
pues ya no sirven las huellas de otros pasos.

En el valle me aguarda la reina de las ninfas,
vestida con la túnica de luz sagrada.
En su rostro de agua y tierra reconozco el mío,
y sé que he encontrado el sitio que buscaba.

Invierno de 2.012

 

 

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